Comer con Carmen.

Miércoles 20: Comer con Carmen.

Iba rozando mis piernas contra los setos, me parecía que Carmen cada vez se acercaba más a mi, casi iba andando por la hierba, en un intento de alejarme.
No debía haber quedado con ella para comer, pero es que me daba tanta pena…
Carmen llevaba 15 meses viuda, tenia 42 años y dos hijos casi adolescentes. A Pablo, su difunto marido, se lo llevó el cáncer prácticamente de un día para otro, sin avisar.

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Desde el día que me lo contaron en el patio del cole no pude dejar de sentir lástima por ella, la veía tan sola. Yo entonces no le conocía e hice lo posible por acercarme, poco a poco fuimos trabando amistad.
Hablábamos de viajes, de la vida, de los niños, pero sobre todo de comida, todas las conversaciones acababan en lo mismo, la comida. Me sentía bien hablando con ella, le había cogido cariño, me contaba que había pasado de cocinar para subsistir a cocinar para disfrutar; tenia tendencia a engordar y según decía, llevaba a régimen desde la comunión. Al quedarse viuda y cogerle la pena, había adelgazado todos los kilos que había llevado de más durante toda la vida. Fue entonces cuando empezó a comer, a comer bien, todo lo que quería, cinco comidas diarias que a veces se solapaban unas con otras.

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Volvió a comer cosas que casi ni recordaba, sensaciones que tenía perdidas. El crujir de una croqueta, la bechamel ardiendo que se escapa, untar salsa hasta limpiar el plato, meter gambas cocidas en el cuenco de mayonesa casera, el bizcocho borracho de jarabe de ron en una tarta de fresas, las pizzas… Éstas merecían un capitulo aparte, le volvían loca, desde su luna de miel en Nápoles no las había vuelto a probar, pero tenía el sabor marcado desde entonces.
Por eso aquel día había quedado con ella para comer. Le recogí en la puerta de la oficina, al salir no le vi guapa, debió de ser porque ya estaba arrepentido. No debí insistirle en que un día podíamos comer juntos, pero me lo había buscado y allí estábamos, camino de su casa, con menos conversación de lo habitual, por mi sentimiento de culpa. Al llegar a su casa mi percepción empezó a cambiar, era un ático con una terraza amplia y soleada, el piso era muy alegre, creo que me esperaba algo fúnebre con las persianas bajadas, así que la sorpresa fue mayor. En una serie de macetas largas, dispuestas sobre unas cajas de modo escalonado, tenía un pequeño huerto; plantas aromáticas, albahaca, tomillo, perejil, hierba Luisa, eneldo; también había calabacines, lechugas, guindillas, pimientos; todo rebosaba alegría.
La mesa, dispuesta al lado de un olivo y un limonero. Para empezar sacó un par de copas de vino blanco helado, con un cuenco de pistachos en tempura, hablamos de Adriá, de lo que le hubiera gustado comer en El Bulli alguna vez.

20110720-100127.jpg Se había aficionado a preparar el pan en casa, compraba las harinas por internet a un molino en Albacete. Sacó una hogaza hecha con trigo, espelta y centeno, con semillas de lino y sésamo.
Después una ensalada de bacalao, tenía unas láminas jugosas intercaladas con patatas confitadas, más un bouquet de lechugas con flor de calabacín frita y vinagreta de cebollino y tomate confitado. El suiguiente plato fueron unas carrilleras de rape rebozadas, al huevo le había puesto hierbas provenzales, de acompañamiento tenían unos pimientos del piquillo confitados, muy al estilo del Julian de Tolosa.
Para terminar comimos una chuleta de ternera en cocotte, con ajos, nabos, zanahorias y boniato.

20110720-100405.jpg Pero todavía faltaba el postre, una Tatin de Melocotón con crema inglesa de jengibre.
Y con el café me dio unos bombones hechos por ella, sabían a comino, a curry, a cardamomo…
Bebimos una copita de Pedro Ximénez como fin de fiesta, todo ello sin dejar de hablar.
De despedida me dio un beso en la mejilla y me dijo:
A que ya no te doy pena?
Le vi mas guapa que nunca, con una sonrisa preciosa, feliz.

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4 respuestas a Comer con Carmen.

  1. MartaLianta dijo:

    🙂

  2. Aida dijo:

    recuerdo perfectamente los pistachos de El Bulli, del verano del 94…

  3. sienting dijo:

    Precioso Loren

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