La Cocina Honesta.

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Dícese de aquella que está hecha con cariño, verdad, sin artilugios ni aspavientos. A fuego lento, con cazuelas gastadas por el tiempo y el uso, sin engaños ni cartón piedra. Partiendo desde cero, no terminando un “algo” ya cocinado, sino usando el producto fresco. Con verduras embarradas, lechugas con caracoles, tomates “feos”, plumas, escamas, sangre y sudor, mucho sudor.

No me he vuelto purista ni me creo el más honesto de los cocineros, pero como cliente, no me gusta que me engañen, como a todos.
No me gustan los garitos de moda, pasajeros, los que hoy son lo más y mañana no existen, tienen un tufo a preparado, a cocina deshonesta que no soporto. Pero lo que peor llevo es ver sus mesas llenas, no entiendo que la gente se deje engañar con salsas que tapan porquería, carne bajo salsas que no se sabe qué son, en definitiva, bengalas para esconder basura, mierda rellena de mierda a precio de comida honesta.

Y es que me molesta mucho ver locales vacíos, sobre todo si sé que trabajan con cariño. Bares de barrio donde entran las verduras frescas y no en bolsa, los pollos con cabezas y tripas, los pescados con los ojos brillantes y las patatas en saco con piel y tierra. Me molesta verlos vacíos y me jode ver los otros llenos, con su decoración de chichinabo, sus moderneces empaquetadas y sus engañuflas.

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28 respuestas a La Cocina Honesta.

  1. Marta_olass dijo:

    También en muchas casas con mantel de hilo y cubertería de plata comen auténtica bazofia. Una cosa no debería estar reñida con la otra y un local o casa especial, decorada con cariño debería mimar sus productos: sería perfecto. Haremos algún día una lista? 😉

  2. Jose dijo:

    Cada vez que veo una “crítica” a un restaurante y comienza por soltarme quién es el decorador se me pone de uñas el estómago y echo mano a la de 7 muelles #-/

    Saludos,

    Jose

  3. Liacice dijo:

    Los lugares honestos, con cocinas honradas, con gente que disfruta cocinando, entregando su saber lleno de sabores deberían ser, como dices, más que recompensados con la fidelidad de la clientela, el corrido del boca a boca cantando sus excelencias y una lista de espera de aupa para disfrutar de ellas. Y, muchas veces, es así. Afortunadamente, es así, sucede.
    Pero también asistimos al cierre de algunos de esos “benditos lugares” (emulando al lema publicitario tan en boga) viendo, en cambio, crecer como setas las franquicias de otros infernales antros donde las miserias de unos tomates de plástico se laminan tan finas que casi es inimaginable averiguar cómo se han rebanado y al resultado se le bautiza como “carpaccio de tomate rosa de Barbastro al AOVE aromatizado de trufa”, sospechando que ni es rosa ni de oscense localidad, ni extra ni virgen y al hongo ni se le conoce. Para colmo, de inmediato sin siquiera dar tiempo a tomar el tenedor, te sueltan “la dolorosa” en una cajita vintage con la mejor de las hipócritas sonrisas. Y el barullo de las mesas llenas y la barra repleta te taladra el oído igual que el hambre con el que te quedarás lo hará en tu estómago y el agujero de la billetera tras pagar. Lamentable. Muy penoso.

    • lorentzero dijo:

      Asqueroso si, las franquicias son horribles, pero lo peor es que encima sean caras. A mi me parece bien que vendan mierda, hay gente pa todo, pero por favor que sea a precio de mierda.

  4. El otro día salió EL MISMO CONCEPTO en otra conversación con un cocinero de “los de siempre”. Coincidencia? Tendencia? Retornos a los valores “verdaderos”? Ojalá! Larga vida al bueno producto, bien preparado. ME GUSTA !! Artesano powa !! :))

  5. Marcelo dijo:

    Adhiero completamente a tus palabras.
    Aquí, en Buenos Aires, los locales de comida honesta son cada vez menos. Diría que para una ciudad de 3 millones de habitantes, no hay más de 15 restaurantes y bares que uno puede decir: “ahí sirven comida de verdad, no artificios”.
    Por eso, por esta lamentable realidad, algunos que éramos muy salidores, muy de visitar restaurantes y bares, optamos por replegarnos cada vez más a cocinar y comer en casa. Y, la verdad, lo disfruto mucho. Cocinar para uno, para su familia y sus amigos, cocinar honestamente, con mimo, cuidando la selección del producto y eludiendo los artificios, eso es un deleite que, pese a los gobiernos (aquí tan malo como allá), todavía no nos podrán quitar.
    Saludos porteños,

  6. Mira que curioso, sin tanto gasto ni fuegos artificiales, resulta que me parece mucho más creíble tu post que el anuncio de Coca Cola y los bares. Y se supone que decís lo mismo. Más o menos. La diferencia es que a ellos se la sopla y hacen populismo sensiblero. Tú no.

  7. Ander dijo:

    Tienes toda la razón del mundo

  8. Bien dicho Loren
    Donde este los viejos locales con oficio y buena materia prima….
    Ultimamente tu prosa se ha patatacorazonizado, me recuerdas a Leti.
    Un abrazo tio !!!

  9. Patrizia dijo:

    Gabon Loren.

    Suscribo palabra por palabra el texto. Hace poco fui a Irún con mi padre, que tenía que hacer algunas gestiones, y siempre que pasamos por la villa teníamos costumbre de ir a una taberna detodalavida en la calle Serapio Múgica que destacaba, sobre todo, por la frescura de sus productos. Muchas veces nos solíamos quedar hablando con el hombre después del sagrado café, chupito de orujo casero y puro de mi padre y el señor nos solía contar que todas las mañanas iba al puerto a por pescado y lo que le encantaba ir al mercado a por las verduras, y a un caserío a por huevos y leche. Cobraba precios irrisorios por unos señores platos bien cocinados y por unos postres, que hacía su mujer, que se te caen las lágrimas (sobre todo la gatzatua/cuajada era impresionante). La decoración no era nada del otro jueves. Con unas pequeñas reformas en la cocina pero seguía intacto desde el primer día que lo abrieron, con la única diferencia que cambiaban el calendario de Kutxa por año correspondiente.

    Bien, pues el otro día fuimos y estaba cerrado. Preguntamos a la gente y nos dijeron que como los dueños se jubilaron y los hijos no se dedicaban a la hostelería, el local cerró. Me dio una pena tremenda porque cada vez escasean más esos sitios donde poder comer como en casa, con la certeza de la calidad que tiene todo lo que ofertan. Lo que más rabia me dio es que el local al que fuimos, uno modernito que habían abierto al lado, estaba llenísimo, hasta tuvimos que esperar. Nos cobraron 15€ por barba por una triste ensalada de Florette con el atún en lata más corriente que encontrarían en Makro, un solomillo que resultó ser de cerdo con 2 litros de salsa de queso azul para tapar el escaso sabor y una porción de tarta industrial, que aunque no estaba mala no puede compararse con una casera. Como mucho habían invertido en mi comida 3€ y me pregunto dónde irían los 12€ correspondientes. Marketing? Decoración? Community Manager?

    NO ME JODAS.

    PD: Cuando en una casa de comidas precisamente la calidad de los alimentos pasa a segundo plano… estamos perdidos.

    • lorentzero dijo:

      Qué asco de verdad y encima os hicieron esperar, vamos que había cola para entrar. Ya no iréis a La Villa con la misma alegría de antes, una pena.
      Saludos y gracias por la chapa.

  10. Patrizia dijo:

    Menuda chapa he soltado, jajaja. Pobre.

  11. Intxaurtsu dijo:

    Pues sí, y no. Totalmente de acuerdo con tu idea. Es una vergüenza la basura que dan, y aún más la tendencia de vender mierda con un lazo. Sin embargo, comer va más allá, y si se hace en un sitio agradable, el acto de comer se convierte en un acto celestial. Por tanto, decoración y bien hacer no deberían estar reñidos, siempre que no se pierda el norte y se priorice lo importante, la cocina honesta.

  12. Ana dijo:

    Totalmente de acuerdo. Yo tampoco entiendo a la gente que come cualquier cosa… Lo peor es que a mí me llevan a sitios del sitio que mencionas y cuando digo que tampoco es para tanto, me llaman sibarita. ¿A mí?
    De hecho, que sepas, que a ti, a mí y a todos los que odiamos esas modas temporales y esas moderneces artificiales, nos llaman “hipsters”. Anda ya.
    ¡Viva tu post! Me ha encantado, de veras.

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