Cuatro horas corriendo. 

 Viendo el maratón de Donosti al paso por el kilómetro 40 no puedo dejar de imaginar la historia de cada corredor que pasa delante de mí. ¿En qué estarán pensando? ¿Cómo se habrán planteado la carrera? ¿Qué les ha llevado hasta aquí? Y pienso en esa manía que tengo de dividir las cosas en partes, a cada día le voy poniendo metas y divido la llegada a cada una de ellas en tramos que voy superando. 

Así es un maratón para mí, que no divido por kilómetros sino por horas, cambio los 42.195 metros por 4 horas y las voy pasando mientras intento no pensar en el final. 

La primera es de adaptación, es donde debo sentirme cómodo, olvidarme de lo que me falta, busco mi ritmo e intento no pensar y disfrutar del paisaje. 

La segunda es una hora feliz, ya no me acuerdo de que estoy corriendo, normalmente paso el ecuador y no hay molestias ni bajones de moral. Todo va bien. 

La tercera es muy parecida a la segunda pero al final se puede complicar, las dudas empiezan a aparecer, empiezas a verte más cansado de lo que estás. La sed se vuelve en tu contra, no puedes parar de beber y nunca te sacias, también puede aparecer el hambre y empiezas a buscar soluciones cuando las únicas soluciones están en tu cabeza y en olvidarte de ello. 

La cuarta y última es el maratón en estado puro, es una montaña rusa de sensaciones donde lo mismo te asalta la euforia al ver a algún conocido entre el público que te vienes abajo pensando en que no puedes más. Es la esencia de la superación, es la parte que no conoces porque en los entrenamientos nunca llegas tan lejos, es donde te la juegas de verdad para llegar o no llegar. Aquí influyen todos los factores, mucha hidratación y algo sólido para llenar el depósito que ya traes en las últimas desde el final de la tercera hora. En mi caso es un pozo sin fondo, creo que podría comerme un cordero asado o un buey relleno mientras avanzo hacia meta. La paciencia también es importante, el saber aguantar, esperar, sufrir, porque la paciencia también es selectiva y aquí es donde te abandona y te pide que te retires. 

Y por último está el final, los últimos metros donde las emociones se agolpan y subes al punto más alto de la euforia, llorando y riendo sin ningún sentido, disfrutando de un dolor y un cansancio que se hacen soportables por arte de magia. 

El maratón es grande y poder vivirlo aunque sea como espectador es además de emocionante eso, 4 horas corriendo, más lo que me retrase. 

 
Foto Iñaki Tellería. 2010


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4 respuestas a Cuatro horas corriendo. 

  1. “Un buey relleno” ja ja jaaa…. me encanta leerte Loren.
    Ojala yo tuviera la capacidad de correr 4 horas seguidas.
    Un abrazo,

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