La política y el rabo estofado. 

  

Ayer volví a votar y lo hice con la misma desgana con la que lo llevo haciendo desde que cumplí los 18, con la misma falta de ilusión, de compromiso, con la misma sensación de hartazgo. 
Sé que esto no le va a importar a nadie y mucho menos a los políticos, pero me apetece decirlo: a la política le falta honestidad, esto no es nada nuevo pero también le falta enjundia.
Según la RAE, además de a la gordura de los animales, la enjundia se refiere a la parte más importante y sustanciosa de algo no material además de a la fuerza, el vigor y los arrestos. 
La política y los políticos carecen de enjundia, porque no les interesa, porque no rinden cuentas ante nadie y no se avergüenzan de hacer mal su trabajo. Les faltan arrestos para acarrear con sus malas decisiones, les falta el vigor que cualquiera tenemos que demostrar en nuestro trabajo. Les falta esa parte no sustanciosa que hace que una salsa de rabo estofado tenga enjundia, ese algo no material que ni se ve ni se toca, pero se percibe y se disfruta al untar el pan, manchar la servilleta e incluso ir al baño después de una buena digestión. 
Porque para ser feliz hay que cagar bien y los políticos son esos seres estreñidos, envidiosos, codiciosos y cobardes que no son capaces de vaciarse y disfrutar de un guiso con enjundia. 

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