Me importa un carajo.

El problema está en que tenemos demasiada información, vemos las películas alertados por cosas que pasaron en el rodaje, vamos a los restaurantes con las expectativas ya creadas y sin ánimo de cambiarlas, leemos novelas conociendo rasgos íntimos del escritor, hemos perdido el filtro de la sorpresa.

Me cansa cuando me dicen que como puedo leer a Reverte si es un gilipollas y a mí que más me da, si cada libro que saca me excita más que el anterior, si cada artículo que leo me remueve igual, para bien o para mal. No tengo ninguna intención de conocerle en persona ni de saber cómo es, lo que quiero es que escriba y que cuando pueda tener su libro en mis manos, cada pagina me lleve a la siguiente y sea capaz de quitarme el tiempo, el sueño e incluso las ganas de comer.

No me importa si este o aquel actor no te saludó en la orilla de la playa cuando te lo cruzaste, me da igual que menganito o fulanita no se quisiese hacer una foto con tu hija en el txiringuito, que más me da a mí si lo que me gusta es verles actuar, si por lo que les admiro o no, es por su trabajo.

Del delantero centro de mi equipo solo espero que meta goles, del patrón de mi trainera que haga que seamos los más rápidos, de mi carnicero que me de las mejores piezas y de mi prima que sea una buena hija, una buena madre y una bellísima persona, porque no se ni en que trabaja.

Seguiré leyendo libros de autores de los que me importa una mierda su ideología política, celebrando goles de quien me la trae al pairo su condición sexual, seguiré emocionándome con versos de poetas a los que ni tan siquiera pongo cara e iré a comer con las única expectativa de saciar el hambre y si además disfruto, igual hasta salgo cachondo de allí.

¡A la mierda!

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Mi equipo.

“Te quiero en mi equipo porque eres tan diferente que me recuerdas mucho al resto.”

A los que saben lo que se sufre al ir al colegio y no tener más que un amigo o dos, o incluso ninguno; a los que saben lo que se vive al bailar a solas ante el espejo con el pestillo de la puerta echado; a los que disfrutan del rato de felicidad que da saltarse el régimen comiendo un bollicao a escondidas. Solo ellos saben cómo se vive, pero a todos ellos los quiero en mi equipo.

También a los que son capaces de cruzar ciudades mirando al cielo sin perderse; a los que saben esperar su momento aunque nunca llegue; a los que ven poesía en una mirada, en un charco de barro, en una ducha de agua helada; a los que saltan las olas y a los que las pasan por debajo. A esos también los quiero en mi equipo.

A los que fueron defensas porque los buenos querían ser delanteros; a los que pasaban frío en el banquillo; a los que no faltaban nunca a un entrenamiento; a los que les regalaban guantes de portero en vez de balones; a los que nunca entendieron de posiciones en el campo; a los que jamás metieron goles; a los que siempre supieron que no serían futbolistas. A esos también los quiero en mi equipo.

A los que aprobaban todo sin despeinarse; a los que no aprobaban nada a pesar de su esfuerzo; a los líderes que nunca me dejaron de lado; a los que me dijeron que yo era su mejor amigo. Les quiero en mi equipo.

A los que nunca pensaron en escribir un libro y a los que se empeñaron y lo consiguieron; a los que persiguen sus sueños y a los que escapan de ellos; a los que cambian el sabor del salitre y el tacto de la arena por las losetas del despacho y el café de la máquina; a los que la guapa de clase nunca les dedicó un minuto, ni se aprendió su nombre; a la guapa de clase que fue incapaz de aprenderse los nombres de todos a causa de su dislexia. Todos me representan y los quiero en mi equipo.

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Conversaciones.

-Buenos días caballero ¿una ayudita?

-Buenos días señor ¿Ayudita? Si vive usted mejor que yo.

-La verdad que no me puedo quejar, se vive muy bien en Ibiza, aunque sea en la calle.

-Si, ayer cuando llegué de trabajar ya estaba durmiendo y esta mañana al irme seguía dormido. Ahora está sentado a la sombra con un pitillo y una cervecita.

-Tiene razón, si quiere le invito a una, me está yendo muy bien la mañana.

-Muchas gracias pero hoy ando con prisa, otro día sin falta, que tenga un buen día.

-Igualmente caballero.

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Emi.

Imaginen ustedes que son oriundos de Necochea (la casa de Eneko), una pequeña ciudad de apenas 100.000 habitantes, cuna del “tigre de Quequén” ubicada en la provincia de Buenos Aires, bien cerquita de Mar del Plata.

Imaginen que recorren más de 10.000 kms y aparecen en Ibiza, encuentran trabajo, casa y se enamoran.

Ahora imaginen la alegría que puede llegar a sentir una persona que no se encuentra a algún paisano, sino a alguien que tuvo una novia, que vivió allí o que simplemente conoce Necochea, la distancia hace que cualquier historia se vuelva re linda, por pequeña que sea.

Sigan imaginando y pónganse en el lugar de esta persona, que además es aficionada al fútbol (Argentina va a salir campeón) cuando se encuentra con un jugador de la albiceleste y este charla durante un rato con ella.

Esto es lo que le está pasando a Emi en Ibiza, ella no lo tiene que imaginar, porque salió de su pequeña ciudad como muchos otros Argentinos para coger aire y perspectiva, junto a Frank forma una de esas parejas que te hacen la vida más agradable y además tiene la suerte de encontrarse con gente a la que en la distancia admira mucho más.

Yo no soy groupie, pero si estuviese en su situación lo sería, no soy mitómano, pero si me cruzo en una playa de Necochea a Inaxio Kortabarria a más de 10.000 km de mi casa, me haría una foto con él, aunque aquí coincidamos a diario en la cola del súper.

En la foto, Emi y el gran Claudio Caniggia “el hijo del viento”

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VACACIONES

A pesar de las comodidades que nos da un Hotel, yo sigo prefiriendo el apartamento, además de ser algo maniático para los desayunos, me gusta cocinar productos locales cuando viajo. El hecho de ir a un apartamento implica el no dejar de fregar, limpiar, cocinar, hacer camas y demás labores propias de mi sexo, pero reconozco que me gusta y que no lo cambio por nada.

Esta vez he tenido la suerte de que mi hermana haya viajado con nosotros, ya que la preguntita de ¿son los tres tuyos? al entrar a cualquier sitio, se la hacen a ella. Además le ponen un tono como de ¿son tuyos los ocho? Yo ya estoy acostumbrado a que me la hagan, al principio me costó un poco, siempre me justifico diciendo: “pero los dos pequeños son mellizos, ¿eh?”, como si quisiera dejar claro que lo de tener muchos hijos no va conmigo, aunque no sea así. También me consuela pensar que a su madre le harán la misma pregunta cuando estén con ella, no estoy solo.

Hubo un día que tuvimos que afrontar el tema de las uñas y el de los piojos, ya que estos no descansan ni en vacaciones ¡que barbaridad como les crecen las uñas! Fue al terminar de despiojar, yo fui el último en ponerme el tratamiento, gastamos tres botes entre los cinco y como siempre yo estaba limpio, es lo único que no han conseguido contagiarme, lo demás me lo he cogido todo, tres neumonías, incontables bronquitis, lombrices, todos los catarros habidos y por haber, orzuelos y no sé cuántas cosas más. Muchos piojos y 60 uñas después nos dimos por satisfechos.

Y hasta aquí el resumen de nuestras vacaciones, lo hemos pasado muy bien, nos han comido los mosquitos, hemos visto el mundial y a muchos guiris borrachos a todas horas y nos hemos prometido que el año que viene repetiremos. Guardaremos la playlist con Europe incluido, los Lorentzeritos se seguirán riendo de mí al acordarse de la cena en el BurriKing, recordaremos los musical.ly con los donuts hinchables, los skates ya viajan de vuelta a Donosti y esperaremos a que salga el sol para poder lucir las molonas gafas de sol que compramos en Salinas.

La vida es eso que pasa cuando estás con la familia.

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