Ya vienen los Reyes.

Si pedía un camión, me traían un coche, si lo que quería era un balón de fútbol, eran capaces de traerme uno de baloncesto. Cuando íbamos a echar la carta al ayuntamiento, siempre pensé que la mía era la que se caía y que por eso los Reyes Magos nunca acertaban. Años pidiendo un peluche y resulta que no me lo traían por culpa de mi alergia.

Un año me trajeron un chándal, el último que tuve, rojo y feo a partes iguales, creo que por eso no me he vuelto a poner uno… Esa misma mañana mi hermano me explicó quiénes eran los Reyes Magos, así había sido de un hermano a otro, de un año a otro, manteniéndolo en secreto por si los demás niños no lo sabían. Para mí no fue una decepción, todo lo contrario, los Reyes no eran mis padres, sino que mis padres eran los Reyes, un cambio a mejor en la cabeza de un niño de unos 10 años.

Es como esa historia que me contaron unos amigos: sus dos hijos mayores se enteraron a la vez de quiénes eran los Reyes, el más pequeño de los dos pidió perdón por haber pedido tantas cosas y les dio las gracias por haberse molestado y gastado tanto. El otro amenazó con contárselo a todo el mundo (su hermana pequeña incluida) si no le compraban la Playstation. Mismo padre, misma madre, misma educación, pero diferentes formas de ver la vida.

Porque no hay que olvidarse de que la infancia no termina ahí, termina cuando dejamos de pisar los charcos, cuando se curan las postillas de las rodillas, cuando la ropa te queda pequeña antes de que se rompa, cuando te das cuenta de que con las zapatillas nuevas ni corres mas rápido ni chutas mejor, cuando el puré de patatas Maggi te deja de parecer el mejor invento de la historia, cuando los amigos son tu única religión y cuando tu madre deja de peinarte los rizos para la foto del cole.

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Resumen anual 2019

Vamos con el tradicional resumen anual y si acaso, algún propósito.

Siempre he dado muy bien los abrazos y creo que este año lo he bordado, seguro que hay alguien que lo ha echado en falta, le pido perdón por ello, eso sí, los que he dado han sido increíbles, ni uno a medias. Y no es que haya aprendido a querer por arte de magia, lo que debo de haber aprendido, es a demostrarlo.

Qué lejos queda todo enseguida ¿no os pasa? Llevo sin viajar a Ibiza desde marzo y me parece que aquello fue algo que pasó años atrás. Y es que me pasa con todo, que parece que fue hace una eternidad. Pero no me importa porque lo he vivido, así que mientras lo recuerde, no hay problema.

Llevo mal que se acaben las temporadas, sufro cuando ya no hay guisantes frescos en el mercado, cuando pelo pochas y se que no habrá más, cuando salteo las penúltimas alcachofas, me da la impresión de que nunca van a volver. Como pasa en la vida con algunas personas, con gente que ha formado parte de todas tus menestras y de pronto deja de estar. Me cuesta mucho acostumbrarme a perderlas y me niego a que sea para siempre.

Por lo demás sigo viendo la parte romántica de la vida, que no es ser un inconsciente, no es dejarse llevar por la parte emocional, es todo eso y mucho más, pero visto desde el lado mas bonito, racional y consciente. Ver la parte romántica de la vida es saber aprovechar lo mínimo y olvidarse de todo lo demás. No es fácil distinguirla porque siempre viene escondida, pero en todo hay una pequeña parte romántica y es maravilloso encontrar a alguien que sepa disfrutarla.

Yo este año me he encontrado con varias personas capaces de hacerlo, algunos ya eran viejos conocidos y otros son nuevas verduras que añadir a la menestra.

Es como los miopes cuando no llevan gafas, los imagino de noche, viendo una imagen difuminada de la ciudad pero real, con sus luces en perfecto equilibrio y la nitidez de quien está más acostumbrado a esforzarse por verlo todo más claro.

Lo que está claro es que la vida es maravillosa y mi único propósito es seguir disfrutándola como hasta ahora. Porque una vez que asumes que tu zona de confort (vaya mierda de descripción) no es un sofá sino un Dragonkhan fuera de control, todo empieza a funcionar y vas entendiendo muchas cosas de las que te pasan. Está bien esto de vivir arrugado, despeinado, con los cordones siempre desatados y el frigorífico vacío pidiendo comida a gritos. La vida era esto.

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La Vida.

Me maravilla la gente capaz de demostrar amor, la gente que te da sin pedir, que te para por la calle para decirte cosas tan bonitas que no eres capaz de asimilar, me maravilla esa capacidad de expresarlo.

Me gustan las distintas formas de demostrarlo, una mirada en la panadería, un mensaje inesperado, un gesto en el autobús, un roce en el brazo, un chorro de buen aceite en la ensalada, el desayuno preparado al levantarte.

Me encantan las sorpresas, saber que la gente recuerda un plato de brócoli que le hiciste hace años, abrir una botella de vino que no conoces, llegar a la ducha y que el agua caliente ya esté cayendo, encontrarte con amigos que llevas tiempo sin ver, hablar con alguien con quien habías perdido el contacto, me encanta la vida, es maravillosa, la vida y la tortilla de patatas.

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La Menestra de Verduras.

La vida es como una menestra de verduras.

Cada ingrediente hace su función, aporta su sabor, textura, color… Algunos desaparecen un tiempo al no estar de temporada, aunque hoy en día como en la vida, hay de todo todo el año, no es lo mismo, pero suplen las ausencias.

Todos tienen su propia personalidad y caminan solos o en pareja, ¿quién se resiste a un cardo con borrajas? ¿a unos espárragos recién cocidos con una cucharada de mayonesa? ¿o a unas vainas con su zanahoria?

Lo mismo pasa en la vida, caminamos solos y lo disfrutamos, compartimos cosas con nuestras parejas o con amigos y hasta de vez en cuando cambiamos de compañía a una menos habitual. Pero es que la felicidad es así, nunca sabes si va a estar a la vuelta de la esquina o en el interior de una alcachofa.

Hace unos años la gente se iba por un cambio de trabajo o de vivienda, las comunicaciones no eran tan fáciles ni tan inmediatas, pero sabías que al cabo de un tiempo, volvían. Hoy, gracias a la conexión perpetua, mantenemos contacto con gente que está lejos o con gente que está cerca pero con la que no coincides. No es igual que el cara a cara, nada supera a un abrazo, pero nos mantiene juntos.

Al final de lo que se trata es de que quien esté en la menestra aporte lo que tenga; de recibir bien a los recién llegados; de hacer lo posible para que los fijos nunca fallen. De que un buen sofrito sea la base y lo más importante, lo que no se ve, se trata de vivir pero bien, bien rodeado y cuanta menos gente de tu menestra falte, mejor.

Y que no falte el jamón, que aunque sea una menestra de verduras, a mí, me alegra el plato.

Foto de Beatriz @tobegourmet

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“Los Mediocres”

Hace años, mientras trabajaba en un bar, me llevé una sorpresa al llegar por la mañana y ver escrita, con rotulador permanente, una frase en la puerta del frigorífico. Estaba en inglés y venía a decir algo así como: “Desmárcate, nadie se acordará de los mediocres”.
Ese día supe que tenía que salir de allí, inmediatamente después de saber que la había escrito el jefe, no hay nada peor que un mediocre que no sabe que lo es. 
Aquella frase cumplió su función, fue realmente motivadora para mí. Me acordé de todos los supuestos mediocres que había conocido a lo largo de mi vida y pensé que si yo los recordaba, tal vez así, dejarían de serlo. 
También me intenté acordar de todos aquellos que trataron de aprovecharse de ellos, creyéndose superiores, y apenas me vinieron a la cabeza un par de caras y algún nombre que aún no he conseguido olvidar. Queda claro que para mí, los mediocres son ellos. 
Por su falta de empatía, por sentirse superiores, por su insoportable soberbia, por pagar con los demás sus complejos y por no saber disfrutar de la tranquilidad que da no creerse mejor que nadie.
La revolución de los mediocres no va a llegar nunca, porque los verdaderos, no saben que lo son. 
Y ya me callo, no vaya a ser que se me peguen unas mediocres lentejas que estoy preparando.

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