¿Es nostalgia feliz?

¿Existe la nostalgia feliz? Yo pienso que sí, aunque no trato de convencer a nadie.
Hoy me he parado frente a la puerta del Prontxio, la Casa de Comidas que con tanta pena tuve que cerrar en noviembre de 2017 tras solo un año abierta. Me ha costado mucho pasar por esta calle, aun más girar la mirada, una barbaridad poder sentarme en un banco frente a la puerta y escribir esto.
Me han venido a la cabeza los buenos momentos, la gente que pasó por allí tanto a dejar algún producto como a comer, a beber o simplemente a saludar.
Me he dado cuenta de que sentía nostalgia, nostalgia de aquella barra imposible, de las escaleras suicidas, de Leire y de Sara, del comedor, los reservados, el montacargas, la mini bodega. Nostalgia de aquella cocina inmensa para tan poco bar, donde Miguel, Mariel y yo cuajábamos las tortillas, calentábamos la morcilla, y tostábamos los chorreantes sándwiches “guarros” de queso.
Nostalgia feliz porque fue mi sueño y tuve la suerte de poderlo vivir durante un año, pero llevaba muchos más soñándolo y aún sigo haciéndolo.
El secreto creo que está en dejar de lado lo malo, en tener la capacidad de olvidarse de ello y así poder disfrutar de los buenos recuerdos, los aromas, los momentos y de toda la gente que ayudó y entendió que aquel era para mí un sitio especial. Era un sueño donde todavía, cuando me quedo remoloneando en la cama y me vuelvo a dormir, puedo seguir cocinando .
Quizás esté equivocado y lo mío no es nostalgia, o tal vez lo sea y la equivocación es pensar que es nostalgia feliz. Desde luego el recuerdo es bonito y con eso me quedo, luego que cada uno lo llame como quiera.

Anuncios
Publicado en La vida | Deja un comentario

Los aromas del tiempo.

Ahora resulta que los meses tienen un olor característico. Yo en parte lo entendía con las estaciones pero con los meses se me escapa. Resulta increíble que en pleno agosto huela a septiembre siendo estos dos los últimos meses del verano y además en Donosti, que lo mismo llueve que sigue lloviendo.
Aunque también se lleva mucho lo de acabar las cosas antes de tiempo y empezarlas cuando aún falta una eternidad. Esos comentarios de “en cuanto nos demos cuenta estamos en Navidades” o “se acabó el verano”, cuando en realidad lo que se te han acabado, son las vacaciones. Para mí es que el verano no se acaba nunca, debo tener actitud de chancleta y salitre.
El verano puede oler a tormenta, a cremas bronceadoras y a sudor en el autobús; también a gazpacho, a tupper de tortilla de patata. La primavera con la explosión de las flores, los espárragos recién cocidos, los guisantes salteados y el inconfundible aroma de las xixas. El otoño con su aura de tristeza y ese olor a hojas caídas y humedad, revuelto de hongos, estofado de carne y calabaza asada. El invierno y su falta de aroma, con la nariz tapada tres meses y sus caldos humeantes de jamón, gallina y garbanzos, los talos, la txistorra y la necesidad de secarte los huesos.
Al final tendré que estar atento,afinar bien el oído y hacer caso a mi amigo Antxon que decía: “¡Escuchad, escuchad qué bien huele!” cuando pasábamos cerca de la fábrica de chocolates Elgorriaga.

Publicado en La vida | Deja un comentario

La modernidad.

Tanto ver sus platos en las redes sociales, me creé a mi mismo la necesidad de ir a cenar, debí darme cuenta cuando el mismo día por la mañana me mandaron el hashtag que debía usar cuando fuese a cenar.
Pero no iba a pensar mal, su cocina me gustaba y era lo único que me importaba. Me senté en la esquina de su única mesa, una especie de barra alta donde tres cocineros nos recibieron con saludos y abrazos. A mí y a tres parejas variopintas que no sabría describir, una mezcla de gustos y géneros que no casaban la una con la otra.
Los tres cocineros, con delantales de camuflaje y tiras de cuero, cortes de pelo recientes, como de jugadores del Real Madrid B, tatuajes hasta en las uñas y piercings hasta donde no se pueden poner.
La música no sabría calificarla, quizás como “rebuscada” porque no reconocí ni una sola canción, ni se pareció en nada a algo que yo conozca, de hecho creo que ni el Shazam las hubiese acertado.
De la comida no os puedo contar nada, porque no me acuerdo, sé que no comí mal, pero es que me iba cabreando plato a plato. La cena se iba eternizando entre los stories de los otros comensales, los selfies del cocinero, las preguntas de la otra cocinera. Que si ¿qué tal chicos? que si estábamos disfrutando de la experiencia, que si teníamos Instagram, la madre que me parió, que quiero cenar.
Así que este es el resumen de mi toma de contacto con la modernidad, la fusión o lo que sea esto. 
Aunque para fusión lo de mi madre, que le echa ajos y vinagre a la coliflor. Al final eché de menos unas natillas y unas coplillas de la Jurado, para lo que hemos quedado.
No se si voy a volver a un sitio así, pero si vuelvo, recordadme que me deje barba o me compre una gorra, para no hacer el ridículo. 
“Esta crítica es ficción basada en hechos reales que no me han ocurrido a mí. Como no soy crítico, adjunto mi foto para que tengáis la opción de despellejarme”.
#putosmodernos

Publicado en La vida | Deja un comentario

El verano.

Cara A:
El verano es comer a las cuatro de la tarde, bañarte durante una galerna, llevar un filete empanado en el tupper al monte.
El verano es volver en bici a casa en plena tormenta, despertarte con arena en las sábanas, andar descalzo, comer un corte de fresa, vainilla y chocolate, besarte en la orilla, pasear hasta tocar la pared. 
El verano es poner las chufas a remojo para hacer horchata, es pasar una resaca en la playa, es llegar al pico antes de que amanezca, es nadar hasta el gabarrón, es una camiseta manchada de cerezas.
El verano es perder la noción del tiempo y de las obligaciones. 
El verano es una siesta con la persiana a medio bajar, es un gazpacho en jarra de plástico, es el Tour de Francia con escapada en solitario de Lejarreta, es un porrón de cerveza con gaseosa, una ensaladilla rusa en casa de tu madre. 
El verano no es una época, el verano es una partida de dominó en la que tu padre siempre gana, el verano es una sensación. 

Cara B:
El verano es que el trabajo se multiplique, el tiempo de ocio se reduzca y las vacaciones de los demás se eternicen.
El verano es que te salgan rozaduras, que te coman los mosquitos, que te sude el culo y que la fruta se estropee.
El verano es ver pasar los aviones y no subirte a ninguno, es dormir a ratos por el maldito calor, el verano es que se te derrita el helado antes de comértelo, que se te pongan malos los tomates, que el melón sepa a pepino.
El verano es el miedo a la salmonella, a las quemaduras del sol, a pisar un sabirón, a que te pique una medusa y a que se te meta arena en los ojos con la maldita galerna.
El verano es cargar siempre con un chubasquero por si acaso, que te inviten a comer el único día que hace de playa, es una quemadura en la pierna con el tubo de escape de la moto.
El verano es ese tiempo sin sentido en el que no hay Ferrero Rocher ni Kinder sorpresa, es quedarte dormido cuando faltan 5 minutos de la etapa del tour, es un torneo de fútbol que no le interesa a nadie.
El verano no existe, es un tiempo infinito si no tienes vacaciones.

Publicado en La vida | Deja un comentario

Se me olvidó que te olvidé.

Todo empezó cuando dejamos de sentarnos en el mismo lado de la mesa.
Entonces no sabías que yo ya era un auténtico experto en desprenderme de cosas y no echarlas de menos y el caso es que eso, me lo enseñaste tú.

Si no lo has usado en dos años, no lo vas a usar, me decías; si no os llamáis desde que te conozco, es que ya no vais a volver a hablar; si no has colgado ese cuadro todavía, es que no lo vas a colgar nunca.

Así que te olvidé como me olvido de los bañadores viejos después de un verano sin tregua, como a la sartén de las tortillas cuando me compro una nueva. Te olvidé como a la morena que vi en la tienda el lunes a las 12:47 y no volvió ningún lunes más a esa hora. Te olvidé como si nunca te hubiera querido, como si ninguna mañana te hubiera preparado el desayuno, como si nunca hubiera suspirado al verte, como si nunca te hubiese tenido. Te olvidé como me olvido de los platos cuando se los comen (quizá por eso los fotografío…), como me olvido de las recetas que nunca apunto y como me olvido del postre cuando hay queso. En definitiva se me olvidó que te olvidé, como dice la canción, a mi que nada se me olvida.

Y ahora estamos aquí, esperando un golpe de suerte que nos haga salir de esta situación tan incómoda. Tiene narices que después de tantos años hayamos tenido que coincidir en la misma ciudad, en la misma calle y casi en el mismo banco. Como diría mi madre: “con lo grande que es el mundo y lo ancha que es Castilla”.

Publicado en La vida | 2 comentarios